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Me llamo Lola y soy, igual que el protagonista de aquella novela de Rabih Alameddine, contadora de historias...

martes, 22 de julio de 2014

Despertar...

          Luego, de repente, al bosque llegó la lluviaPrecedida de un relámpago que rompió la noche. Acompañada por un trueno que hizo temblar a los viejos árboles.

Titus B. tomó en sus brazos el Libro Grande y lo apretó mucho contra su pecho. Y buscó con desespero –alumbrado por la decena de asustadas luciérnagas que habían acudido a su encuentro al saberlo despierto de nuevo- el Manuscrito Voynich. Y me entregó el Libro Grande para que yo lo protegiera mientras él tanteaba, nervioso, el suelo mojado con sus manitas.

No lo encontró.

Ni la luz de las luciérnagas ni el fuego del siguiente rayo nos dejaron verlo. El Manuscrito Voynich se había hecho nada bajo la lluvia. Aquella lluvia fría que llegó para borrar del bosque cualquier retazo de otro mundo...

martes, 15 de julio de 2014

"Donde duermen los poetas": una posdata a mis sueños de París...

Tumba de Abelardo y Eloísa en Père-Lachaise, París. Fotografía de Eugène Atget
Tumba de Abelardo y Eloísa en Père-Lachaise, París.
Fotografía de Eugène Atget

 Sé de un rincón en el mundo adonde va a morir la poesía. Un lugar mágico en el que los gatos viven y el tiempo se detiene. La muerte transforma la soledad en bullicio. El silencio en besos. La paz en interminables paseos por avenidas cercadas de árboles centenarios que gritan al caminante anda, anda que este es el lugar en donde reposan los sueños pintados de letras. De música. De libertad.

Está en París, en la bella París, las puertas abiertas desde un día de mayo de 1804. Es la tumba de Oscar Wilde, de Abelardo y de Eloísa, de Apollinaire, Balzac, La Fontaine y Molière, de Proust, Prudhomme y Richard Wright… Se llama Père-Lachaise.

Père-Lachaise se llama el hermoso rincón del mundo adonde va a morir la poesía.

Este breve artículo apareció publicado, por primera vez, el día 1 de enero de 2014 en el número 3 de Acantilados de papel. Revista literaria en busca de literaturas posibles

martes, 1 de julio de 2014

Una noche llenita de estrellas

          Titus B. se despertó una noche llenita de estrellas.

Una noche cálida de principios de verano que hizo que el duende abriera sus ojillos somnolientos, hinchados tras tantísimas horas de sueño, y me mirara y me sonriera. Y tomara entre sus manitas las lentes y se las colocase levantando luego mucho mucho la cara, los huequecillos de la nariz muy abiertos para aspirar la tibieza de aquel aire que taponaba las sombras.

Para rellenar con él sus pulmones diminutos.

Para expulsarlo luego convertido en un aliento suave que recorrió el bosque de parte a parte... Se acomodó las ropas, bostezó y me acarició el pelo.

¿Qué había soñado él todos estos meses? ¿Habría volado, acaso, el viejo duende también a París? ¿O lo habrían llevado sus sueños aún más lejos, hasta algún lugar remoto solo conocido a través de las leyendas y los cuentos?

- Mujercita –me dijo en un susurro, una chispa de alegría prendiendo sus ojos de viejo-, mira, mira mis sueños
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