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Me llamo Lola y soy, igual que el protagonista de aquella novela de Rabih Alameddine, contadora de historias...

martes, 26 de noviembre de 2013

19. 4ª página: El hombre enamorado de la noche

Carl Spitzweg, "Escena iluminada por la Luna con las ruinas del castillo"
Carl Spitzweg, Escena iluminada por la luna con las ruinas del castillo

       Por sus pasadizos vaga un hombre enamorado de la noche.

Cuando a lo lejos vislumbro su silueta cierro el Libro sin nombre. Cierro los ojos y las manos y aprieto con fuerza una tapa con otra.

Quiero hacerlo prisionero.

Sí, prisionero. Porque será mío el tiempo de esta forma. Mío el poder de unir a ese hombre con su amada. Mía la espera y la tardanza. La vida que vive en el libro y se abre dentro de mí cuando lo abro. Cuando paseo los ojos por sus letras y camino sus calles negras escuchando el suspiro que alguien lanza al aire helado. Y lo guardo en este pecho que es libre entre callejas solitarias.

Entre unas voces que no se escuchan.

Entre palabras que son ecos muy viejos. Que vienen montadas en un viento tan lejano...

martes, 19 de noviembre de 2013

18. 3ª página: El "Libro sin nombre"

José Ferraz de Almeida Júnior, "Moça com livro"
José Ferraz de Almeida Júnior, Moça com livro

         El Libro sin nombre es un laberinto.

Uno oscuro y secreto que recorre las entrañas del tiempo y del espacio como una culebra hambrienta, ansiosa, de mentirijilla.

En sus muros no hay antorchas que iluminen el paso de aquel que en él se adentre. Que serán los ojos.

Tus ojos.

Los míos.

Los que, encendidos de letras, harán solitos de luz...

martes, 12 de noviembre de 2013

17. 2ª página: El libro, la noche y las letras...

Jessie Willcox Smith
Jessie Willcox Smith
Qué importa su título. Cuánto qué lápices dibujaran sus letras... Ya te dije que se trata de uno de tantos libros desdeñados: del Libro sin nombreNi siquiera recuerdo quién me lo puso en las manos. No podría contarte qué fue de él en todo el tiempo que duró su viaje de camino a casa. A lo mejor recorrió muchos kilómetros antes de encontrarme. Montó en trenes y autobuses. Dejó atrás el mar. A lo mejor...

Y nunca me lo va a decir. Porque es sufrido y callado y nunca dice nada. Ni lo hizo cuando lo abandoné en la estantería a la sombra de otros más viejos, más altos y más serios; ni lo hace ahora, cuando lo busco y lo anhelo. Y aguardo a cada instante a que caiga la noche para tomarlo entre mis dedos.

Montoncito de papel borracho de sueños...

martes, 5 de noviembre de 2013

16. Primera página: La vida de los libros

Adolf Schrödter, "Don Quijote en la biblioteca"
Adolf Schrödter, Don Quijote en la biblioteca

        Los libros también tienen vida. Aunque egoístas como somos creamos que no, que la vida solo es propia de los seres que llevan sangre correteando de arriba abajo por el cuerpo.

Los libros viven y su vida en ocasiones se parece mucho, tal vez demasiado, a la nuestra: capaces como son de arañar gloria y miseria. Abandono. Olvido. Soledad.

La claridad que se cuela por la rendija del bolsillo de una chaqueta que lo pasea orgullosa por las calles.

O la oscuridad.

Esa que llena el rincón más polvoriento de una habitación que ya nadie abre, y que le sirve de carcelera...

Si quieres puedo contarte la historia de uno de ellos. Está aquí ahora, conmigo, amodorrado entre un montón de cuadernos y bolígrafos de colores sobre mi escritorio, tan cerca que me roza la piel mientras esto escribo.

Es gordo y tiene las páginas muy finas. Llegó a mis manos ataviado con su mejor traje de tapas medio marrones medio amarillas.

Quería gustarme y yo no le hice caso, pobre criatura de papel.

De manera que hoy, al tomarlo entre los dedos poniendo cuidado de que no lo vaya a rozar el aire, no soy capaz de alejar de mi cabeza la idea de que a lo mejor una vez, apretujado en el último hueco de la estantería, una lágrima invisible se formó en su barriguita de hojas con la tinta deshecha de las letras.

Por mi culpa...
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