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Me llamo Lola y soy, igual que el protagonista de aquella novela de Rabih Alameddine, contadora de historias...

martes, 6 de agosto de 2013

9. De un arroyo sin nombre


Pasé el tiempo que faltaba para que el sol se pusiera sentada a la orilla de aquel arroyo sin nombre. Sus aguas cálidas me acariciaban los pies. Sus aguas cálidas… Comí las avellanas que me trajo en el pico un ruiseñor azul, me tumbé boca arriba sobre la hierba húmeda y miré desde el suelo al cielo, clavando la vista en un sol que cada vez se hacía más lejano y más chico… que se moría.

No sé cuándo cerré los ojos, pero lo cierto es que lo hice y lo cierto es que un sueño profundo se apoderó de mí y me condujo de un recoveco a otro de la conciencia, de un recoveco a otro en un estruendo de trinos. De aguas cálidas que discurren mansas mientras acarician pieles. De aires templados que se visten de aromas, se cuelan por entre las ramas de los árboles y te revuelven los cabellos y el alma...
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