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Me llamo Lola y soy, igual que el protagonista de aquella novela de Rabih Alameddine, contadora de historias...

martes, 25 de diciembre de 2012

26. Feliz Navidad...

Feliz Navidad

Sé que tal vez hoy, lejos, lejos, en algún lugar de esos de allí afuera, si pudiera verte por la mirilla de tu puerta te encontraría celebrando. Sé, sabemos, que hoy es el día de Navidad.

Tú allí, sentado alrededor de una mesa repleta de dulces, de bombones, de mil chucherías. Tú allí entre mucha gente. A lo mejor riendo. Hasta puede que te oyéramos cantar.

O a lo mejor no. A lo mejor bajaría los ojos al descubrirte en una habitación vacía. Una taza de café humeante como más fiel compañera. Acomodado en tu sillón favorito frente al escritorio. Un libro, cualquiera, qué más da mientras no lleve escrita entre sus páginas la palabra Navidad, al otro lado. El ordenador, que acabas de encender, enfrente de ti. La pantalla iluminada y la esperanza de encontrarnos. Que estaremos solos, también, pensarás mientras te miro. Que sin terminar de movernos nunca de debajo de este letrero darás con nosotros y te haremos compañía

En este mundo sin luces de colores te esperamos. En este mundo de invierno reseco en donde no hay qué comer. En donde nadie sabe a qué se refiere realmente el tuyo cuando se adorna y se besa, se pintarrajea y brinda con champán, te esperamos. Porque sabiéndonos solos y lejos, y hambrientos y helados, tú has venido a buscarnos.

Porque tú eres el sentido de
 nuestra Navidad :)

jueves, 20 de diciembre de 2012

25. De las tres realidades



--> Objeto --> Universo --> Mundo material, externo 

--> Espíritu / Intelecto --> Universal y divino --> Sujeto trascendente --> Dador de luz

--> Sujeto --> Seres vivos --> Hombre (espíritu, alma, cuerpo): espejo en el que se mira el Universo. Compendio del Universo. Reflejo del Universo --> Mundo interior. Del alma. Del entendimiento.

He aquí cuanto el duende tuvo a bien escribir en la tierra. El exceso de luces allá afuera y la claridad tan grande de la luna hacen que pueda asomarme fácilmente al abismo negro de esas letras. Que pueda mirarlas. Leerlas.

Una vez que lo he hecho cierro los ojos. Me tapo los oídos. ¿Qué respuesta daré si sobre ellas me pregunta? Un movimiento imperceptible de la cabeza.

Imperceptible.

Pero que niega. Que se esconde.

domingo, 16 de diciembre de 2012

24. Las letras

La Luna en el bosque

Remueve el suelo blando a su alrededor. Introduce las manos hasta las muñecas y saca las uñas sucias. Busca almendras.

- No hay más, Titus B. Créeme.

Tiene hambre.

Ha pasado mucho tiempo sin comer y se ha hecho más blanco y más chico. De él parece que solo quedara barba.

Pero no hay más. No encontrará más. Por mucho que revuelva con ansia la tierra. Por más que la levante con los puños cerrados y luego los abra para dejarla caer hecha mil puntitos marrón oscuro.

No hay más. Solo pude encontrar aquellas doce.

Al final se cansa de una búsqueda que ya le anuncié perdida. 

La luna, llena esta noche, ha terminado de hacerse dueña del cielo. El viento helado me reseca la piel. Me hace llorar los ojos y sangrar los labios. Es el mismo viento que se cuela en el bosque año tras año. Cuando allí afuera se encienden más luces de la cuenta y hasta aquí llega el eco de mil voces diciendo Navidad.

Alarga la mano derecha y toma del suelo un palito. Se propone arrancar letras a la tierra que se abre entre los dos...

jueves, 13 de diciembre de 2012

23. Macrocosmos / Microcosmos

Titus B. tiene las manos muy chicas. Mucho. Y bien regordinas. Tanto que ni siquiera se distingue en ellas dónde acaba y dónde empieza una falange. Pero son muy diestras. Casi resulta increíble. Casi podrías decirme anda ya te lo estás inventando. Pero no es así. Son diestras de verdad y hoy están sentadas en el suelo. Bajo ese letrero que a esta hora no hace sombra porque ya se está haciendo de noche. Mastica almendras. Las pela con esmero. Se las lleva hechas cachitos a la boca y las mastica con más esmero aún. Yo me siento enfrente. El duende no me mira. Solo tiene ojos para las doce almendras que encontré en la tierra.

- Ya no estoy triste. Qué te creías.

Lo ha dicho él. ¿Cuánto hace que no lo escucho hablar?

- Era el cosmos.

Era el cosmos. El cosmos era el que estaba triste. Él no. Él nunca. Menos delante de mí.

- ¿Acaso no sabes nada del microcosmos? ¿Qué es el microcosmos, mujercita?

El microcosmos. Sí que sé. Claro que sé. Alguna vez, hace mucho tiempo, ese concepto entró en mi cabeza. ¿Se saldría luego? El microcosmos eres tú -no se salió- y soy yo. Es cada una de las pequeñas partes de que está compuesto eso tan grande llamado Universo.

- Y qué pasa con el microcosmos cuando el macrocosmos se pone malo.

No deja de pelar, desmenuzar y masticar. No me mira. Me pone nerviosa.

- Que se pone malo también, creo.

- Uno es el espejo del otro. Lo que está abajo estará arriba. Lo de arriba, abajo. Macrocosmos / Microcosmos.

El primero y más principal principio de la alquimia.

martes, 11 de diciembre de 2012

22. A dormir, pequeño libro

Libros volantes

A dormir, pequeño.

No volveré a alejarte del huequecillo ese que te habías hecho de camita. Si tú no tienes la culpa. No la tienes, libro chico. La tengo yo por aguardarte. Por acercarme a ti. Por leerte.

Y la tienen ellos. Ellos la tienen. Ellos los hombres. Los que hacen que te escribas eso en las entrañas. Los que ensucian cuanto tocan. Los que matan...

miércoles, 5 de diciembre de 2012

21. De cuanto había escrito en el libro volante (III): Fedor Dostoiewski, "Crimen y castigo" (fragmento)




            (...)

 ¡Lo vas a matar! ‑grita uno de los espectadores.

‑ Seguro que lo mata ‑dice otro.

 ¿Acaso no es mío? ‑ruge Mikolka.

Y golpea al animal con todas sus fuerzas. Se oye un ruido seco.

‑ ¡Sigue! ¡Sigue! ¿Qué esperas? ‑gritan varias voces entre la multitud.

Mikolka vuelve a levantar el palo y descarga un segundo golpe en el lomo de la pobre bestia. El animal se contrae; su cuarto trasero se hunde bajo la violencia del golpe; después da un salto y empieza a tirar con todo el resto de sus fuerzas. Su propósito es huir del martirio, pero por todas partes encuentra los látigos de sus seis verdugos. El palo se levanta de nuevo y cae por tercera vez, luego por cuarta, de un modo regular.

Mikolka se enfurece al ver que no ha podido acabar con el caballo de un solo golpe.

‑ ¡Es duro de pelar! ‑exclama uno de los espectadores.

‑ Ya veréis como cae, amigos: ha llegado su última hora ‑dice otro de los curiosos.

 ¡Coge un hacha! ‑sugiere un tercero‑. ¡Hay que acabar de una vez!

‑ ¡No decís más que tonterías! ‑brama Mikolka‑. ¡Dejadme pasar!

Arroja el palo, se inclina, busca de nuevo en el fondo de la carreta y, cuando se pone derecho, se ve en sus manos una barra de hierro.

‑ ¡Cuidado! ‑exclama.

Y, con todas sus fuerzas, asesta un tremendo golpe al desdichado animal. El caballo se tambalea, se abate, intenta tirar con un último esfuerzo, pero la barra de hierro vuelve a caer pesadamente sobre su espinazo. El animal se desploma como si le hubieran cortado las cuatro patas de un solo tajo.

‑ ¡Acabemos con él! ‑ruge Mikolka como un loco, saltando de la carreta.

Varios jóvenes, tan borrachos y congestionados como él, se arman de lo primero que encuentran ‑látigos, palos, estacas‑ y se arrojan sobre el caballejo agonizante. Mikolka, de pie junto a la víctima, no cesa de golpearla con la barra. El animalito alarga el cuello, exhala un profundo resoplido y muere.

‑ ¡Ya está! ‑dice una voz entre la multitud.

‑ Se había empeñado en no galopar.

‑ ¡Es mío! ‑exclama Mikolka con la barra en la mano, enrojecidos los ojos y como lamentándose de no tener otra victima a la que golpear.

‑ Desde luego, tú no crees en Dios ‑dicen algunos de los que han presenciado la escena.

El pobre niño está fuera de sí. Lanzando un grito, se abre paso entre la gente y se acerca al caballo muerto. Coge el hocico inmóvil y ensangrentado y lo besa; besa sus labios, sus ojos. Luego da un salto y corre hacia Mikolka blandiendo los puños. En este momento lo encuentra su padre, que lo estaba buscando, y se lo lleva>>.

martes, 4 de diciembre de 2012

20. De cuanto había escrito en el libro volante (II): Fedor Dostoiewski, "Crimen y castigo" (fragmento)

(...)
 ¡Pegadle hasta matarlo! ‑ruge Mikolka‑. ¡Eso es lo que hay que hacer! ¡Yo os ayudo!

‑ ¡Tú no eres cristiano: eres un demonio! ‑grita un viejo entre la multitud.

Y otra voz añade:

‑ ¿Dónde se ha visto enganchar a un animalito así a una carreta como ésa?

‑ ¡Lo vas a matar! ‑vocifera un tercero.

‑ ¡Id al diablo! El animal es mío y puedo hacer con él lo que me dé la gana. ¡Subid, subid todos! ¡He de hacerlo galopar!

De súbito, un coro de carcajadas ahoga la voz de Mikolka. El animal, aunque medio muerto por la lluvia de golpes, ha perdido la paciencia y ha empezado a cocear. Hasta el viejo, sin poder contenerse, participa de la alegría general. En verdad, la cosa no es para menos: ¡dar coces un caballo que apenas se sostiene sobre sus patas...!

Dos mozos se destacan de la masa de espectadores, empuñan cada uno un látigo y empiezan a golpear al pobre animal, uno por la derecha y otro por la izquierda.

 Pegadle en el hocico, en los ojos, ¡dadle fuerte en los ojos! ‑vocifera Mikolka.

‑ ¡Cantemos una canción, camaradas! ‑dice una voz en la carreta‑. El estribillo tenéis que repetirlo todos.

Los mujiks entonan una canción grosera acompañados por un tamboril. El estribillo se silba. La campesina sigue partiendo avellanas y riendo con sorna.

Rodia se acerca al caballo y se coloca delante de él. Así puede ver cómo le pegan en los ojos..., ¡en los ojos...! Llora. El corazón se le contrae. Ruedan sus lágrimas. Uno de los verdugos le roza la cara con el látigo. Él ni siquiera se da cuenta. Se retuerce las manos, grita, corre hacia el viejo de barba blanca, que sacude la cabeza y parece condenar el espectáculo. Una mujer lo coge de la mano y se lo quiere llevar. Pero él se escapa y vuelve al lado del caballo, que, aunque ha llegado al límite de sus fuerzas, intenta aún cocear.

‑ ¡El diablo te lleve! ‑vocifera Mikolka, ciego de ira.
      
Arroja el látigo, se inclina y coge del fondo de la carreta un grueso palo. Sosteniéndolo con las dos manos por un extremo, lo levanta penosamente sobre el lomo de la víctima.

(...)
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